24 abr 2011

Tengo Frio y no Existo

 Midió sus medicamentos en un cuarto cerrado, parecía estar conforme.
 Cuando menos lo esperaba su lengua se interpuso, se besaron compulsivamente y para ella fue un sueño, un tratamiento  de quimioterapia, electroshocks, medicacion y yoga.
 En la ventana había un pájaro con una sirena ronca, despistaba a los pacientes, sus estudios indicaban lo contrario, pero ella apunto con su bolígrafo debajo de la cama, en un rincón. No tenia permitido ir al baño sola y hacia sus nesecidades en un cajón de su escritorio, a pesar de la contraindicación medica.
 Ella seguía enamorada, como un lagarto, como una esfera borracha, "oh!... Dios!" pensó. "quisiera un trago de vodka!"... La sirena tapo el final de su pensamiento, el mensaje. El pájaro leía sus historietas, clavo los ojos en ella, en sus piernas, en sus ojos hermosos, muchas veces golpeados. Se golpeaba borracha de coñac añejo.
 Sonó el despertador, su pelo marrón era un gato que escapaba, lleno de terror. Quería una navaja, un pez muerto colgando de su pared, como un trofeo. Quería evillas en el pelo y un vestido rojo, aun metida en la cama contemplo sus piernas hasta dormir de cansancio.
 Midió sus pastillas, tomo tres rojas y una blanquita, chiquita. Analgésicos, somníferos . Parecía conforme.
 El medico entro en la habitación, habia aparecido extrañamente con mas pastillas. "Veneno", penso ella.
- Bendiga - dijo el medico.
- buen día - dijo ella.
El medico puso cara de estar contento.
- Parece estar mas tranquila hoy, asi que podemos teletransportarla de nuevo a un cuadro de nostalgia, aparentemente lejos de ese pajaro. esta distrayendo a los demas pacientes con esa sirena ruidosa... en fin, parece... - Lo largo como si su pecho se desinflara lleno de aire y arena, como muriendo de algun virus indesifrable. ella agarro su pastillero y tomo tres blancas mas, de las chiquitas.
Sus manos temblaron buscansdo un ansuelo, la cascada y la caña estaban unidas por alguna energia cosmica, una lamina de hierro que frotaba su entrepierna. No pudo reprimir el gemido, las luces se apagaron.
Era navidad y su padre habia traido morfina, "para festejar" le dijo. La inyecto, se inyecto, y quedaron tirados ahi, ella en la cama y él en el escritorio sobre algodon manchado y lapices mordidos. En la noche su padre se fue.
Sonó el despertador, ella instintivamente midió sus medicamentos, tenia una sola pastillita verde y la tomó. Las ventanas empezaron a gritar su nombre en absurdos lenguajes gangosos, escupian al hablar. La cama daba saltos y chorreaba sangre. Su entrepierna chorreaba sangre, pero los gatos no paraban, terror... angustia. Ella lloro de horror, sus piernas se entumecieron, sus ojos en blanco y negro nadaban en agua de mar. En un baño sucio conosio su cara.
 Empezó a gritar atornillada a la cama, salpicando transpiracion. Redobles, percusiones en el cielo, en sus dedos lastimados. La pared a su izquierda cayo sobre su braso, la mesa crugia histerica y se abalansaba por la puerta, queria un retrato. Mil lagartos en la pared, en el techo, una silla violeta. Siguó gritando hasta perder el conosimiento, atornillada a la cama, y el pajaro ululaba con su sirena ronca.